jueves, 3 de abril de 2025

Solamente una reflexión


 

Fernando G. Castolo*


En días pasados observé, en un jardín público de la ciudad de Guadalajara, a una persona instalada en el mismo, con su casa de campaña perfectamente bien montada. Claro que me llamó la atención. Era de noche. Mientras lo pensaba, llegó la patrulla de la policía municipal. Al momento le solicitaron al ciudadano que recogiera sus cosas y se retirara. Le dijeron que en el próximo rondín ya no lo querían ver ahí. Sin cuestionar nada el ciudadano recogió todo y se marchó…



En el caso de nuestra comunidad, existe un caso similar que ya perturba a una gran mayoría de personajes que transitamos por el lugar, por los meses que ya han transcurrido. Se trata de unas personas (¿indigentes?) hacinadas en el extremo norte del espacio atrial del templo parroquial de El Sagrario. Ahí, pegados hacia el muro de las oficinas del Obispado, se han posicionado del espacio esas personas que, además, han propiciado una pésima imagen de uno de los entornos más emblemáticos e icónicos de la ciudad, reconocido como el espacio fundacional de la antigua Zapotlán.




Los fétidos olores que emanan (provocados por orines que ya han secado un árbol) también son motivo de molestia entre los transeúntes. Me han informado que, tanto las autoridades eclesiásticas como gubernamentales, se han aproximado hacia estas gentes a fin de solicitarles, con mucho respeto, que desalojen el lugar, obteniéndose una negativa siempre.

Algunos particulares, con los que he coincidido, argumentan que nada se puede hacer dado que es un espacio público; sin embargo, yo cuestiono: ¿no es, acaso, más grave propiciar malestares a los muchos transeúntes que no estamos de acuerdo con este asalto a nuestros espacios?; ¿no, acaso, todos tenemos derecho, por igual, al disfrute de los mismos?




Conforme los días han pasado, las personas posicionadas del espacio han acrecentado su patrimonio: cada vez existen más bolsas encimadas unas con otras y, por consiguiente, el espacio que ocupan es más amplio. Muy pronto se vendrán las lluvias y, entonces, es posible que acondicionen algo más formal, perjudicando aún más la imagen urbana. ¿Cuál será la voluntad que hace falta para desembarazar este espacio que le ha sido robado a la comunidad?




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