Brasil Acosta Peña
Nació el cinco
de mayo de 1818, en la Roma del Norte, es decir, en Tréveris,
Alemania, en la región Renania; y murió el 14 de marzo de 1883 en
Londres, Inglaterra. Fue un gran filósofo, economista y un
incansable defensor de los intereses de los trabajadores del
mundo.
A la edad de 17 años, cuando debía decidir qué
estudiar, escribió frases en una carta que intituló Reflexiones de
un joven en la elección de una profesión”: “Si uno sólo
trabaja para sí mismo, quizás puede volverse un famoso del
aprendizaje, un gran sabio, un poeta excelente, pero nunca puede ser
perfecto, verdaderamente grande. La historia eleva a los hombres como
los más grandes, a los que se han ennoblecido trabajando por el bien
común; la experiencia aclama como el más feliz a quien ha hecho el
más grande número de personas felices”.
Una de sus primeras
obras de mayor relevancia, que sería clave para la posterior
elaboración de El Capital, su obra cumbre, fue el Manifiesto del
Partido Comunista que escribió con Federico Engels en 1847, en
Bruselas, cuando vivía ya desterrado de su natal Alemania. En tal
obra nos legó esta figura político-literaria por demás profunda y
revolucionaria:
“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del
comunismo. La historia de todas las sociedades hasta nuestros días
es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos,
patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en
una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre,
mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y
abierta; lucha que terminó siempre con la transformación
revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en
pugna.
“Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía
ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas; ha
desgarrado sin piedad las abigarradas ligaduras feudales que ataban
al hombre a sus superiores naturales, para no dejar subsistir otro
vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel pago al
contado; ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el
entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeñoburgués en
las aguas heladas del cálculo egoísta; ha hecho de la dignidad
personal un simple valor de cambio; ha sustituido las numerosas
libertades escrituradas y adquiridas por la única y desalmada
libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación
velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una
explotación abierta, descarada, directa y brutal. La burguesía ha
despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se
tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al
jurista, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha
convertido en sus servidores asalariados”.
En su obra Las
tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo, Vladimir
Ilich Uliánov, Lenin, afirma: “La doctrina de Marx es todopoderosa
porque es exacta. Es completa y ordenada y da a la gente una
concepción monolítica del mundo, una concepción intransigente con
toda la superstición, con toda la reacción y con toda defensa de la
opresión burguesa. El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que
la humanidad creó en el Siglo XIX: la filosofía alemana, la
economía política inglesa y el socialismo francés”.
En El
Capital se halla la síntesis de su pensamiento y la aplicación
práctica de su filosofía. Es un ejemplo de uso del materialismo
dialéctico e histórico y una crítica demoledora al sistema
capitalista pues, con base en los principios dialécticos, demuestra
que el capitalismo no es eterno y que quien tiene en sus manos la
tarea y la capacidad de cambiar las cosas para la construcción de
una sociedad más justa y mejor es la clase trabajadora, que es la
productora directa de la riqueza, así como la que más sufre tanto
por las extenuantes jornadas laborales como por los exiguos salarios
que percibe y que apenas le alcanzan para comer y sobrevivir.
El
pensamiento de Karl Marx sigue vigente como lo demuestra la
actualidad de sus postulados políticos más conocidos:
El
materialismo dialéctico, tesis sobre el desarrollo humano elaborada
con su camarada de lucha y trabajo, Federico Engels: “la doctrina
del desarrollo en su forma más completa, más profunda y más exenta
de unilateralidad, la doctrina de la relatividad del conocimiento
humano, que nos da un reflejo de la materia en constante
desarrollo”.
Ley general de la acumulación capitalista:
conforme se desarrolla el capital y se crea más riqueza, lejos de
que mejore la condición de los trabajadores que producen la riqueza,
empeora porque hay más desempleo y quienes tienen trabajo, lo
realizan en condiciones de explotación más brutales, pues saben que
si son despedidos hay muchos otros que pueden sustituirlos de
inmediato y prefieren vivir mal, pero con un ingreso bajo pero
seguro.
La acumulación originaria del capital. Los campesinos
son despojados de sus tierras por la fuerza para convertirlas en
grandes praderas donde pasten animales o haya grandes explotaciones
agrícolas. Los campesinos desplazados migran a la ciudad y venden su
fuerza de trabajo a los patronos. El capital chorrea sangre y lodo
desde su nacimiento, escribe Marx.
La plusvalía al
descubierto. El trabajador no vende su trabajo al patrón, sino su
fuerza de trabajo; es decir, su capacidad para trabajar. Sin embargo,
a diferencia de las demás mercancías, la fuerza de trabajo produce
más valor del que ella misma cuesta y, por ende, con el trabajo crea
más riqueza de la que recibe. Al trabajo realizado pero no
remunerado, Marx le llamó plusvalía y ésa es la fuente de la
ganancia de los patrones.
La jornada laboral puede dividirse en
dos partes: a) Trabajo necesario, con el que los trabajadores generan
un valor equivalente a su salario, que es lo justo para reponer su
fuerza de trabajo y b) Trabajo excedente, con el que los trabajadores
generan la plusvalía, que es la ganancia del capitalista.
La
contradicción fundamental del capitalismo: la producción de la
riqueza tiene un carácter eminentemente social, pues en ella
participa la inmensa mayoría de los trabajadores. Sin embargo, la
apropiación de la riqueza tiene un carácter privado, por ello, sólo
unos cuantos disfrutan de la riqueza producida: precisamente los que
no trabajan.
En su discurso ante la tumba de Marx, en High
Gate, Inglaterra, Engels advirtió: “El 14 de marzo, a las tres
menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de
nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando
volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para
siempre… Marx era, ante todo, un revolucionario… Su nombre vivirá
a través de los siglos, y con él su obra”.
Sirva el ejemplo
de Marx y su pensamiento como guía de las acciones encaminadas a
construir un cambio revolucionario en nuestro país. Sirva a los
jóvenes de guía para que puedan convertirse en dirigentes de los
trabajadores y del pueblo trabajador; para saber que es posible un
mundo mejor; que en sus manos está la construcción y con ésta su
liberación.
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