Corría
el Año Dos del calendario de A.A…. Un principiante llegó a uno de
estos grupos… Pronto demostró que el suyo era un caso desesperado
y que, sobre todo, quería recuperarse… [Dijo él] “ya que soy
víctima de otro tipo de adicción aun más estigmatizada que el
alcoholismo, puede que no me quieran entre ustedes”.
Acudí a
ustedes como una esposa, una madre, una mujer que había abandonado a
su esposo, a sus hijos, a su familia. Una borracha, una adicta a las
píldoras, una nada. Sin embargo, nadie me negó amor, cariño, un
sentimiento de pertenecer. Hoy por la gracia de Dios y el amor de una
buena madrina y un grupo base, puedo decir que por medio de ustedes
en Alcohólicos Anónimos — yo soy una esposa, una madre, una
abuela y una mujer. Sobria. Libre de píldoras. Responsable.
Sin
el Poder Superior que encontré en la Comunidad, mi vida no tendría
sentido. Estoy llena de gratitud por ser miembro de Alcohólicos
Anónimos.
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