Así es que nuestras dificultades,
creemos, son básicamente producto de nosotros mismos; surgen de
nosotros, y el alcohólico es un ejemplo extremo de la obstinación
desbocada, aunque él piense que no es así. Por encima de todo,
nosotros los alcohólicos tenemos que librarnos de ese egoísmo.
¡Tenemos que hacerlo o nos mata!
Durante muchos años mi vida
giraba alrededor de mí mismo. Estaba consumido por el ego en todas
sus formas —el egoísmo, el egocentrismo, la lástima de mí mismo—
todos los cuales brotaban de mi soberbia. Hoy, mediante la Comunidad
de Alcohólicos Anónimos, se me ha regalado la oportunidad de
practicar los Pasos y las Tradiciones en mi vida diaria, se me ha
regalado mi grupo y mi padrino, y la capacidad —si elijo hacerlo—
para dejar mi orgullo a un lado en todas las circunstancias que mi
vida me puede presentar.
Hasta que no pudiera mirarme a mí
mismo y ver que en muchas circunstancias yo era el problema y
responder de la forma apropiada interna y externamente; hasta que no
pudiera deshacerme de mis esperanzas y darme cuenta de que mi
serenidad estaba en proporción directa con ellas, no podría
experimentar la serenidad y la sana sobriedad.
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