Una
vez que hemos metido la llave de la buena voluntad en la cerradura, y
tenemos la puerta entreabierta, nos damos cuenta de que siempre
podemos abrirla un poco más.
La buena voluntad para entregar
mi orgullo y mi obstinación a un Poder superior a mí mismo, ha
resultado ser el único ingrediente absolutamente necesario para
resolver todos mis problemas hoy. Aun la más pequeña dosis de buena
voluntad, si es sincera, es suficiente para permitir que Dios entre y
se haga cargo de cualquier problema, dolor u obsesión. Mi nivel de
bienestar está en relación directa con el grado de buena voluntad
que yo tenga en cualquier momento dado para renunciar a mi obsesión
y permitir que se manifieste la voluntad de Dios en mi vida.
Con
la buena voluntad, mis preocupaciones y temores son poderosamente
transformados en serenidad.
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