Fernando G.
Castolo*
Huescalapa es un territorio geográfico que
existe desde hace varios siglos. Sin embargo, el actual casco
hacendario que pervive a un costado del camino carretero que conduce
de Ciudad Guzmán a Zapotiltic fue construido por don Benito Gil
Méndez hacia el año de 1831.
Esos característicos arcos de
medio punto que dominan su fachada se repiten al interior, cerrando
el tablero del monumental claustro. Hacia el exterior, estos mismos
arcos corrían además por el flanco sur, arcos que quedaron
integrados a lo que, por muchos años, fue la capilla del Santo Niño
de Atocha, imagen religiosa de mucha veneración en la comunidad,
cuyo nicho que le salvaguardaba fue donado por don Florentino
Espinoza, en una época en que el casco ya pertenecía a los Gómez
quienes, por cierto, venden el casco hacendario a don Miguel
Fernández Morales, empresario que tuvo un gran éxito con la
fabricación industrial de la cal, y que prestó la vieja casona para
instalar en la misma un colegio particular que muchos años funcionó
en el lugar.
La llamada Hacienda de Huescalapa presenta en su
arquitectura varias troneras, en las cuales se disponían los
tiradores para defender el casco de los muchos maleantes que la
acechaban. En la época de los Gómez el casco sufrió algunas
modificaciones, inspiradas en los aires afrancesados que impulsó
Porfirio Díaz durante sus gestiones como Presidente de la República.
Por fortuna, aún es posible percibir su viejo partido
arquitectónico, lo que nos permite dar una lectura más o menos
cercana a su original trazo. Por ejemplo, su actual torre del reloj
no existía como parte de su original concepción, eso ya es
del siglo XX. Lo cierto es que Huescalapa sigue cautivando con su
presencia a propios y extraños, convirtiéndose en una referencia
obligada para quienes transitamos por las carreteras del Sur de
Jalisco.
Su aspecto rancio habla de la otrora opulencia que
caracterizó la personalidad de los viejos hacendados, cuyos linajes
han desaparecido del todo en el espectro regional, quedando solamente
los vestigios de su notable presencia en el medio social del siglo
XIX, principalmente, cuando tuvo su emblemático apogeo este y otros
conjuntos hacendarios.
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