miércoles, 26 de febrero de 2025

La icónica presencia de una hacienda sureña

 



Fernando G. Castolo*



Huescalapa es un territorio geográfico que existe desde hace varios siglos. Sin embargo, el actual casco hacendario que pervive a un costado del camino carretero que conduce de Ciudad Guzmán a Zapotiltic fue construido por don Benito Gil Méndez hacia el año de 1831.


Esos característicos arcos de medio punto que dominan su fachada se repiten al interior, cerrando el tablero del monumental claustro. Hacia el exterior, estos mismos arcos corrían además por el flanco sur, arcos que quedaron integrados a lo que, por muchos años, fue la capilla del Santo Niño de Atocha, imagen religiosa de mucha veneración en la comunidad, cuyo nicho que le salvaguardaba fue donado por don Florentino Espinoza, en una época en que el casco ya pertenecía a los Gómez quienes, por cierto, venden el casco hacendario a don Miguel Fernández Morales, empresario que tuvo un gran éxito con la fabricación industrial de la cal, y que prestó la vieja casona para instalar en la misma un colegio particular que muchos años funcionó en el lugar.




La llamada Hacienda de Huescalapa presenta en su arquitectura varias troneras, en las cuales se disponían los tiradores para defender el casco de los muchos maleantes que la acechaban. En la época de los Gómez el casco sufrió algunas modificaciones, inspiradas en los aires afrancesados que impulsó Porfirio Díaz durante sus gestiones como Presidente de la República. Por fortuna, aún es posible percibir su viejo partido arquitectónico, lo que nos permite dar una lectura más o menos cercana a su original trazo. Por ejemplo, su actual torre del reloj no existía como parte de su original concepción, eso ya es del siglo XX. Lo cierto es que Huescalapa sigue cautivando con su presencia a propios y extraños, convirtiéndose en una referencia obligada para quienes transitamos por las carreteras del Sur de Jalisco.

Su aspecto rancio habla de la otrora opulencia que caracterizó la personalidad de los viejos hacendados, cuyos linajes han desaparecido del todo en el espectro regional, quedando solamente los vestigios de su notable presencia en el medio social del siglo XIX, principalmente, cuando tuvo su emblemático apogeo este y otros conjuntos hacendarios.




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