El
domingo 18 de febrero, se llevó a cabo la gran marcha rosa dizque para defender
la democracia y el voto libre, anunciada con bombo y platillo por los
seguidores de Claudio X. González Guajardo, el incansable impugnador del
gobierno de la Cuarta Transformación (4T) que son algo así como 250 organismos
-membretes- que alardean representar la sociedad civil. Esos organizadores, advirtieron
que para nada participaban los partidos integrantes de la coalición “Fuerza y
Corazón por México”, aunque allí estaban solazados dirigencias y cuadros
relevantes.
Este movimiento, viene a ser el tercero a
partir del efectuado en 13 de noviembre de 2022, cuando al grito de “El INE no
se toca”, casi llenaron el espacio entre el ángel de la independencia y el
monumento a la revolución de la capital mexicana: entonces propalaron que
habían sido 200 mil asistentes, aunque el gobierno del antiguo DF afirmó que
solo fueron 10 mil, y otros observadores aceptaron cifras entre 50 y 60 mil
partícipes. El orador estrella fue José Woldenberg, quien en suma llamó para
que los mexicanos expresaran rotundo, “no al autoritarismo, … sí a un México
democrático”. (Expansión Política, 13-XI-2022). A la arenga, correspondieron nutridos
aplausos y vítores de los dirigentes (por sus apodos, Markitito, Alito y
Chucho) de la entonces alianza del PRI, PAN y PRD, llamada Frente Amplio por
México (FAM).
La segunda gran marcha rosa
auspiciada por Claudio X. González y sus subalternos de la sociedad civil (¿?),
fue en febrero 26 de 2023: la organización “Unidos por México 2024″, que aseguró
integrar a más de 60 asociaciones, convocó a también a protestar en más de 82
ciudades del territorio nacional y el extranjero. La concentración llevó el
nombre de “Mi voto no se toca”, focalizándose contra el Plan B electoral del
presidente; la máxima protesta fue el zócalo de la Ciudad de México, a las
11:00 horas, donde se colocó un templete para que algunos de los representantes
de las ahora -dijeron- 117 organizaciones convocantes, brindaran discursos y
argumentos en contra de la reforma al INE. El orador estelar fue el exministro
José Ramón Cossío, adalid de los recursos jurídicos contra la 4T, quien llamó a
los ministros de la Corte para reprobar las leyes electorales del plan B. También
habló la iracunda periodista Beatriz Pagés, -exdiputada priísta- quien aseveró
que con las reformas que contemplaba el antedicho Plan, Amlo y seguidores “pretenden
dar paso a una dictadura electoral”. (Baruc Mayen, en Infobae, 27-II-2023).
Excitados, los integrantes del todavía FAM, batían las palmas y multiplicaban
vivas.
Ahora
pues, se llevaba a cabo la tercera gran marcha de las oposiciones, enmascaradas
-como lo prueban los hechos- de sociedad civil. En la plataforma erigida en el
centro de la capital azteca, tres personajes de reconocido color
antiobradorista: Fernando Belaunzaran, rabioso experredista ahora panista; Amado
Avendaño V., activista del Frente Cívico Nacional que juzga a Morena como
enemiga de la democracia, y la panista fundadora del membrete Sociedad Civil
México, Ana Lucía Medina Galindo, quien califica al presidente de sádico
mediático, arengaban a la muchedumbre abigarrada, que ellos proclamaban como
impresionante y que Enrique Krause, concurrente al acto vestido de paisano y
cachucha, calificó como similar a las de 1968 (¡vaya figuración!, semejante a
sus ideas); este afamado ingeniero-empresario de la historia- claramente indicó que el peligro de perder la
democracia y la libertad, valores conquistados con sangre, y “que no permitiremos
nos los quiten”, tiene su principal riesgo, en “el autoritarismo del presidente, el
despotismo del presidente, la tiranía del presidente” y rubricó, que esa
concentración si era un evento político, pero como no veía banderas del PAN, el
PRI ni el PRD, “los ciudadanos son los protagonistas de esta marcha”. (X antes
twitter, de Reforma, 18-II-2024). Por cierto, como no estaba la gigantesca
bandera del zócalo, Leo Zuckerman (notorio antilopezobradorista) aseveró que
“era una canallada y pinta de cuerpo entero a López Obrador”; junto a este
comentarista, Héctor Aguilar Camín, encrespado explicó ese detalle: el mensaje siniestro
del presidente fue, a los manifestantes, “yo estoy blindado aquí, (en palacio) contra
ustedes que no son mexicanos y no están bajo el amparo de su bandera”. (Es la
hora de opinar, Foro TV, 19-II-2024).
Haciendo
un recorrido entre los miles de asistentes vestidos con indumentarias rositas,
la mayoría de buena presencia física, tez blanca y porte garboso, taodo
observador se podía dar cuenta del talante de ellos. Me da mucho miedo -dice Mari
Carmen, señora que porta una pancarta que rotula “El diálogo democrático
construye puentes, el autoritarismo levanta muros”- y exterioriza: “me da pavor
que el próximo sexenio gane MORENA”; cuando la interroga un youtubero, declara
que asiste a la marcha porque tiene pesadilla que los de Morena “Quieran quitar
la propiedad privada.” Por ello,
considera que “Xóchitl es la mejor opción por el momento”. (Manuel Pedrero,
desde el zócalo, 18-II-2024).
En
la plancha del zócalo del antiguo DF, en medio de gritos de “voto libre” y
pancartas que repiten “Democracia si, dictadura no”, un furibundo pancartista, ostenta en su cartel:
“Basta de pejendejadas o nos lleva la shienbada” y entrevistado, no revela como
llamarse pero manifiesta que asiste al acaecimiento
porque está totalmente en contra “del loco” López Obrador, quien pretende
perpetuarse en el poder a través de Sheinbaum; en cambio, Xóchitl es “una gran
mujer, bien abusada”, aunque eso sí, todos los partidos le parecen corruptos, y
él votará por el que sea menos. Otro individuo,
quien manifestó ser Manuel Torres, despliega una placa con solo letras grandes (4T-VT-
ALV), afirma que AMLO es un político que “no está preparado para ser gobernante,
…desgraciadamente lo llevó el pueblo, pero el pueblo lo va a quitar”; de ahí
que votará contra quien sea, pero en contra de la 4T.
El
mosaico de leyendas que esgrimían las personas que concurrieron a la
manifestación del domingo 18 de febrero, eran variadísimas; muchas aludían a
las encuestas conocidas hasta la fecha (favorables ampliamente en pro de
Claudia Sheinbaum), tildándolas de pagadas, por lo que, reprobándolas, clamaban
“sí al voto informado”. Otros
asistentes, sobre todo mujeres, manifestaban su temor por el comunismo, que
podría imponerse con el lopezobradorismo, o bien otros repudiaban que México
-con la 4T- pudiera ser una Cuba o Venezuela. En manos de un grupo, se podía
leer un acróstico, que con el nombre Andrés, construían las palabras: A-bsurdo,
N-ecio, D-emagogo, R-esentido, E-squizofrénico, S-invergüenza.
Otros
cartelones esgrimían la leyenda: La Suprema Corte de Justicia no se toca, o la de
“Basta del financiamiento del narco”. Muchos otros letreros, la verdad más que injuriosos
al presidente del país, eran irreverencias a la moral y el lenguaje, por sus
obscenidades, lo cual desmerece mucho a quienes los portaban, en general güeritos
con matiz de fifí, de esas clases que ordinariamente se afrentan de las
palabrotas, siempre que las pronuncien necesitados, prietitos o chairos. Como
reza un viejo refrán: Lo que en el rico es alegría, en el pobre es borrachera.
“En
defensa de la democracia”, fue el título de la marcha del 18 de febrero. Las organizaciones
convocantes presentaron un “manifiesto ciudadano” en el que se pidió al
gobierno (federal, estatales y municipales) “no meter las manos en las
elecciones”, y se acusó a la administración nacional de promover “encuestas
falsas para que creas que este arroz ya se coció y que la elección está
definida”.
El
evento llegó al cenit cuando arribó al templete el orador oficial de la
manifestación, Lorenzo Córdova Vianello, precedido por José Woldenberg, santón
del ramo electoral; José Ramón Cossío, quien fue ministro gracias a Fox y ahora
está en retiro y la abogada Ma. Del Carmen Alanís Figueroa, expresidenta del
Tribunal Electoral Federal: todos con el común denominador de tener ligas entre
sí, además de jugosa pensión o ingresos elevadísimos, lo que los hace actuar
con la tranquilidad de quien ve llover y no se moja. El “seudocaudillo de la
democracia”, Córdova, expresó: “nos reunimos en las plazas del país para
defender a la democracia y a las libertades y derechos que hoy pretenden
arrebatarnos”. Desde luego que se
refiere al “dictador” AMLO (¿?).
Entre
alaridos de “Fuera López” que se repitieron constantemente mientras hablaba el
ex presidente del INE, señalando “no se vale destruir" las circunstancias,
normas, y a las autoridades que validaron la renovación pacífica, apuntando:
“No se vale exigir reglas de equidad, siendo oposición, y violarlas
sistemáticamente, siendo gobierno, esa deslealtad hoy pone en peligro a nuestra
democracia”. Y eso que el orador afirmó: “no estamos aquí para criticar a
ningún gobierno”. (¡!)
También
el señor Córdoba, rebatió las iniciativas del presidente, ahora tramitándose en
el Congreso, prediciendo que, así como se detuvo el Plan A y el Plan B, de
reformas electorales, las correspondientes a las propuestas del pasado 5 de
febrero, no volverán a pasar por ser un “intento de arrebatarnos o debilitar
nuestra democracia”. Eso sí, enfatizó: “las instituciones si se tocan, claro
que sí, pero sólo si es para mejorarlas”, jamás para destazarlas, porque sería “robarnos
la esperanza del futuro para regresar a un pasado autoritario que con mucho
esfuerzo dejamos atrás”. A la par del
discurso, atronaban las exclamaciones de “las instituciones no se tocan” y otra
vez “fuera López”. Y se agotó el discurso, más o menos a la media hora de su
inicio.
Variadas
han sido las opiniones sobre esa multicitada movilidad. El mismísimo orador
central (Córdova) dijo: “La democracia tiene quien la defienda. Somos muchas y
muchos. ¿Está en riesgo la democracia ¿?
Claro que no, quien eche a tocar las campanas como réquiem para la
democracia, nomás no entiende lo que está pasando.” (Lorenzo Córdoba, testimonio
en video de YouTube al terminar la marcha). A propósito de asistentes, estos no
llegaron a los 700 mil que presumieron las oposiciones, ni los 90 mil que apreciaron
las autoridades; el zócalo mide en total 46,800 metros cuadrados y estaba pleno,
con las salvedades frente a Palacio Nacional, al lado de catedral, los corredores
para desplazarse y las naturales separaciones entre persona y persona, por lo
que considerando un promedio de 6 personas por metro, dan un total de 280,800 concurrentes:
los números no tienen color y esa es la cifra real.
Xóchitl
Gálvez, quien ya quisiera para su proyección una marcha como esa del 18 de
febrero, declaró en un video: “Mientras México tenga ciudadanos y ciudadanas que
salgan a manifestarse para defender su democracia, que ejerzan su derecho a la
libre expresión de ideas, no habrá tentación autoritaria que pueda mandar al
diablo a nuestras instituciones” (X, antes twitter, 18-II-24). Eso lo repitió
en su registro ante el INE como candidata presidencial, el 20 del mes
retropróximo, dedicando sus palabras centrales para atacar al presidente y “su
candidata”: es decir, improperios en lugar de conceptos.
El historiador
y maestro emérito, Lorenzo Meyer, explicó: En general, yo veo esto más positivo
que negativo, pues lo que prueba es que existe real competición de ideas,
reunión y democracia: el pluralismo está vivo. La derecha se inventa un demonio
en Palacio para sentirse heroica: la oposición afirma que hay una dictadura, y
el hecho es que tienen abierto el campo para presentar su proyecto, que a la
mera hora no han mostrado. Ayer prevaleció lo que ya es natural para la derecha,
decir “no se toca”: la democracia, la Constitución, el voto, el INE, los
organismos autónomos, etc. O sea, quieren que el estatus quo que rige, exigen
que continúe, lo cual contradice el discurso de Córdova, quien enfatizó no hubiese
inmovilismo. (Los Periodistas, Sin Embargo, 19-II-024).
Entre
los asistentes connotados, enemigos declarados de la Cuatro T, se vio al hijo
del padre del neoliberalismo mexicano, Enrique de la Madrid, personaje central
de la campaña de Xóchitl Gálvez. Minerva Hernández Ramos, senadora del Partido
Acción Nacional (PAN). Mauricio Tabe, alcalde blanquiazul de Miguel Hidalgo. Marko
Cortés, presidente nacional del PAN. Carlos Alazraki, espinoso publicista
cercano a los partidos de oposición y Margarita Zavala de Calderón, diputada
federal por el PAN y excandidata independiente -fallida- a la presidencia.
Asimismo, se encontraban Tania Larios, secretaria general del PRI de la Ciudad de México y su correligionaria Mariana Moguel Robles, expresidenta del PRI en la capital y aspirante a diputada local; Rosario Robles Berlanga, extitular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) hoy Secretaría del Bienestar, acusada de la cuantiosa “Estafa maestra”. Y desde luego, el singular impulsor del movimiento, el magnate Claudio X. González, cabecilla de organizaciones adversarias de la administración federal, quien, en su cuenta de X, escribió: “La marcha ciudadana por la democracia es una jornada electoral anticipada. Puede ser, debe ser, presagio del 2 de junio en el que México irá a las urnas para defender su derecho a ser libre y dueño de su destino.”
Innegablemente,
el acto que comentamos se registró en muchas ciudades de la república y fue una
marcha político-electoral. Los tres partidos -PRI, PAN Y PRD- de “Fuerza y
Corazón por México” con su virtual padrino empresarial, azuzaron y buscaron
sacar ganancia del movimiento: la marcha mentía al decirse que no iban contra o
a favor de nadie, empero embistieron a la aspirante de Morena y aliados, detractaron
al primer mandatario y escarnecieron su investidura. Por lo tanto, la marcha
fue amasijo de realidades, farsas y excesos
Concluyendo:
entre los mexicanos hay diversidad, derecho a disentir, concientización y multipartidismo;
la marcha fue provechosa porque al llevarse a cabo desmiente lo que la
oposición pregona: que hay dictadura, carencia de libertad, ataques a la
democracia, etc. En una tiranía, la marcha y los agravios infamantes jamás
serían posible, en cambio, la oposición los realiza y sin recato recurre a la
mentira (esencia de la antidemocracia), incentivando la polarización a la vez
que desplegando “fake news” día a día, incitando incalificable guerra sucia que
mancilla y degrada el noble oficio de la política. Esta actitud sórdida, aun
cuando no lo crean los auspiciadores de ese movimiento, podrá resultarles
contraproducente en las urnas, cuando los votantes, en uso de sus atributos,
decidirán quién tiene la razón.
Por
lo antedicho y de una vez por todas, entiéndase bien: la democracia mexicana,
está más viva que nunca y el venidero dos de junio, pondrá a cada uno en su
lugar. El que tenga ojos que vea, y quien posea entendimiento que entienda.
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