El
Volcán/Guzmán
Los
problemas sociales que se derivan con la participación de jóvenes y la
violencia que se vive en el país, requiere la participación de la Iglesia, de
todos los cristianos, pero, principalmente de las familias. “Necesitamos,
primero, repensar si nuestro trabajo está bien ubicado, si seguimos dando las
mismas respuestas a preguntas que ya no se hacen, nosotros mismos no vamos a
llevar ningún trabajo adelante, debemos hacer una seria reflexión del trabajo
que realizamos, no sólo con los jóvenes, sino con toda la tarea
evangelizadora”.
Así lo consideró el Obispo de Ciudad
Guzmán, Don Oscar Armando Campos Contreras, al dar respuesta a la pregunta que
se le hizo acerca de la situación que se vive con los jóvenes y sobre la
violencia que ha azotado a municipios como Mazamitla, Tamazula y otros, que
forman parte del conglomerado católico que conforme la Diócesis de Ciudad
Guzmán a su cargo, en una rueda de prensa con los medios locales la noche del
miércoles quince de junio en instalaciones del seminario local.
Dijo que por ello era muy importante
la reflexión a la que está invitando el Papa Francisco cuando se necesita ser
copartícipe al espíritu de Dios, que se renueva permanentemente. “Los sectores
juveniles son grandes y muy diversos; hay jóvenes trabajadores, campesinos, de
ambiente rural, pero una buena parte de jóvenes estudiantes, necesitamos tener,
y no me refiero únicamente al trabajo de los sacerdotes, sino al trabajo de todos
los que somos cristianos, tener una visión sobre la juventud, en primer lugar
menos negativa, porque los jóvenes buscan también ser felices, ser libres, y
eso es un valor; pero ¿cómo colaboramos desde la vida familiar, qué hacer para
que la familia sea un espacio de diálogo, de crecimiento, de desarrollo, de
felicidad, de goza, de comunicación”.
Señaló que cuando las familias se
desintegran, cuando viven con pocos momentos de encuentro y sin oportunidades
de diálogo, también se dañan los jóvenes. “Tenemos que revisarnos, todos, y la
Iglesia tiene buscar colaborar, dejarse orientar también por otros, pienso
mucho en lo que hacen los maestros y escucharlos, qué piensa el maestro, qué
piensan los educadores, los académicos, todo eso lo necesitamos nosotros para
poder buscar también respuestas para los jóvenes”.
Respecto de la violencia en la
Región sur, indicó que no es un problema privativo en la Diócesis. “Tenemos un
país tristemente dañado. Me llama mucho la atención el comentario que hizo el
Presidente de la República (Andrés Manuel López Obrador), diciendo que donde
hay bandas ahí hay más homicidios, pero donde hay una que controla, no los hay,
qué situación tan triste, verdad”?, agregando que era sincera – ciertamente –
la visión de López Obrador en ese sentido, pero que era triste saber que el
país está muy deteriorado.
En cuanto a lo que hay detrás de
todo lo que sucede mencionó que son muchos factores, en donde la Iglesia tiene
que colaborar en donde le toca. “Pero está el factor educativo, más que se ha
educado, se ha informado, la educación ha sido para formar. Está el factor
dinero, en cuanto a que los empresarios muchas veces buscan su ganancia sin
importar el desarrollo de los trabajadores, cuando no se ve al trabajador como
un ser humano, sólo como parte de la maquinaria para producir, está el trabajo
de los organismos que deberían de emprender, de veras, tareas de reconstrucción
social, y parece que, no quiero señalar ninguno, sólo se dedican a llenar
nuevos objetivos que se proponen”.
El Obispo señaló que también está la
familia, que también tiene una responsabilidad, considerando que la Iglesia
también ha descuidado lo esencial; anunciar el Evangelio. “Tocar el corazón de
la gente para que descubra la importancia que tiene su vida, su dignidad, la
colaboración que tiene con otras personas, el respeto a otros, se respeten así
mismo y sepan valorar a los demás y para que descubran, eso nos toca a nosotros
(Iglesia), el sentido de quién es Dios para nosotros, porque vivimos como si
Dios no existiera, entonces; anunciamos a Dios o anunciamos otras cosas”,
abundó Don Oscar Armando Campos Contreras.
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