Cine sin Memoria
José Luis Vivar
Siempre que se habla de un antes y
un después en la Historia del Cine, la mayoría de las veces se menciona a El Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941),
por sus atributos estéticos que establece nuevos paradigmas, los cuales han
servido como ejemplo de alguien que puso todo su talento detrás de la cámara, e
hizo que el cine se viera diferente.
Y
aunque en la película nunca se menciona este episodio, sí es posible constatar
el enorme poder del magnate, sus delirios y ostentaciones como la mansión donde
vive recluido con Marion Davies, su joven amante. Y desde luego los incidentes
en su vida laboral. Nada del otro mundo, para quien goza de tanto capital. Pero
entonces, ¿qué es lo que tanto al viejo Hearst? ¿Qué lo hizo mover tantos
abogados para que la película fuera retirada de los cines de la unión
americana, y casi destruida?
Mank (David Fincher, 2020) presenta la
vida del autor de la historia: Herman J. Mankiwicz (Gary Oldman), conocido como
el nombre que da título a la película es un guionista talentoso pero sumido en
los demonios del alcoholismo. Finales de los años 30, al joven Orson Welles
(Tom Burke) los estudios a los que pertenece le permiten hacer la película que
guste, con el tema prefiera, y se inclina por la biografía no autorizada de
William Randolph Hearst (Charles Dance), por tal razón contrata los servicios
de Mank que debe tener listo el guion en un breve plazo.
En vez de un estudio bien iluminado, con escritorio, un buen sillón, y rodeado de libreros, Mank es instalado en una cabaña, tumbado en una cama con una pierna rota, una enfermera y una secretaria a su servicio las 24 horas. Y como premio o castigo a su trabajo se halla en un extremo de la habitación un arcón repleto de botellas y cigarros, que, a decir de Orson, el guionista deberá obtener por su propia cuenta.
A
través de Flashbacks, vamos conociendo la vida de Mank y su estrecha relación
con Hearst, y Marion Davies (Amanda Seyfried), la cual le permite tomar muchos
detalles de ambos personajes para su guion, algunos de ellos demasiado íntimos,
como el nombre del trineo del niño Kane: Rosebud (capullo de rosa), mismo que
provocó la ira del magnate porque era como llamaba cariñosamente a los genitales
de su amante, y peor cuando en una de las últimas secuencias de la mítica
película el mencionado trineo es devorado por el fuego (¿metáfora de la pasión
del viejo?).
Con
un guion de su propio padre (Jack Fincher), el multilaureado director construye
una interesante película que retrata la vida de los guionistas al servicio de
los estudios, el poder de sus propietarios como Louis B. Mayer; de la visión de
productores como el famoso David O. Selznick, o del visionario Irwing Thalberg
quien falleció muy joven, pero dejando una lista de excelentes películas.
A diferencia de Tumbo (Jacy Roach, 2015), que se enfoca más en la difícil vida del guionista por estar relacionado con el Partido Comunista, por lo cual es señalado en la Lista Negra del Macartismo, y cómo esto lo hunde y le afecta en su núcleo familiar. Mank, en cambio es presentado como un hedonista, dueño de una compleja personalidad, generada por su alcoholismo, aunque también poseedor de una genialidad como escritor.
Fotografiada
en blanco y negro, Mank es el
escenario de una corte real en donde el bufón resulta más inteligente al
rebelarse contra los reyes representados por Hearst y Marion. Por si fuera
poco, ese mismo bufón se libera del tirano déspota que es Orson Welles, pero
las consecuencias de sus proezas son como una caída libre, en donde el
guionista no tendrá un paracaídas para sobrevivir al señalamiento y el
desprestigio de quienes habitan ese imperio de celuloide llamado Hollywood.
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