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José Luis Vivar
Una ópera prima siempre es un albur. No hay
medias tintas. Al momento de su estreno puede gustar o no. Es todo. Si es
aprobada por el público y por la crítica, se le augura éxito a su director. Si
sucede lo contrario, deberá armar un nuevo proyecto y empezar de cero. Sobra
decir que muchos directores rara vez se recuperan de ese descalabro, aunque
filmen muchas cintas.

En vez de inclinarse por una comedia agridulce
como las que últimamente se han estrenado, Hemsani opta por un género difícil y
al mismo tiempo atractivo: el thriller. Sólo que en vez de caer en el lugar
común del tipo solitario, la mujer fatal y un gánster acompañado de su pandilla,
prefiere tomar un puñado de niños y niñas que empiezan a despertar a la vida y
al sexo, y los incrusta en un internado que es controlado por un verdadero lobo
que pone en práctica la modalidad tiránica para reformarlos.
Ambientada a finales de la década de los
cincuenta del siglo pasado, permite adentrarse en esa oscuridad no solo física
–el dichoso internado es una especie de Lecumberri con todo y celadora frígida
y poseída por la neurosis-, sino en la vida de cuatro amigos en particular,
liderados por Alex (Luis de la Rosa), un chico que poco a poco irá revelando su
pasado, y la razón por la cual fue recluido en ese lugar.

Mientras el lobo no está, es una apuesta por un
cine fresco, la espontaneidad de los actores no profesionales ayuda que sea
verosímil lo que se plantea. Y parece una contradicción que estos niños y niñas
no son lo que pensamos. Están recluidos en ese horrible lugar por mal comportamiento,
porque han cometido faltas, afectando en
lo familiar y en lo social. Nunca se menciona que sean delincuentes, pero
realmente algunos de ellos sí lo son.

Sin embargo, Julio no ve las cosas como
pecadores y pecadores arrepentidos, los ve como esclavos, como parias a los que
debe someter y domar como si fuesen ferias que llegan a ese circo de grandes
pabellones, divididos por el sexo al cual pertenecen.
El desenlace convierte lo metafórico en
realidad, porque eso que se esconde en las entrañas del internado es macabro y
huele a carroña. Debido a eso el caos que generan esos niños tiene más tintes
de venganza que de encontrar una verdad que sin proponérselo habrán de
hallarla.
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