Víctor
Hugo Prado
Las
expresiones populares no son simples adornos del lenguaje: son
cápsulas de experiencia colectiva. A través de ellas, generaciones
enteras han sintetizado lecciones de vida en frases breves, directas
y memorables. Una de las más persistentes es “no hay peor ciego
que el que no quiere ver”, utilizada para señalar esa forma de
negación consciente en la que, pese a la evidencia, se opta por
ignorar la realidad. No se trata de falta de información, sino de
una decisión: la de cerrar los ojos ante verdades incómodas. Esta
ceguera voluntaria, inofensiva en lo individual en algunos casos,
puede convertirse en un obstáculo profundo cuando se traslada al
ámbito público.